Historia

Paulinos en el mundo

El 20 de agosto de 1914, el padre Santiago Alberione, quien para el mundo tenía el encargo de ser director espiritual del seminario de Alba y la dirección del semanario Gazzetta d’Alba, inició, junto a dos muchachos que estaban deseosos de hacer vida religiosa y de servir al Señor, el taller Pequeño Obrero (Piccolo Operaio). Este taller era el comienzo de una gran empresa, lo que se llamaría luego la “Pía Sociedad de San Pablo”; la primera de cinco congregaciones religiosas, cuatro institutos de vida secular consagrada y un movimiento de Cooperadores, que todos juntos forman la así llamada Familia Paulina. Los Paulinos tienen la misión en la Iglesia de evangelizar a través de la cultura de la comunicación; es decir, todo aquello que gire en torno a la comunicación: formación, editorial, audiovisuales, etc.

  

Paulinos en Venezuela

En agosto de 1951 el padre Santiago Alberione, con inspiración divina, escogió a los paulinos para que iniciaran su obra en Venezuela. Después de recibir la aceptación del arzobispo de Caracas, monseñor Lucas Guillermo Castillo, el 11 de diciembre de 1951 llegaron los primeros paulinos a tierras venezolanas, Caracas, el padre Francisco Sirito y el hermano Jesé Scarnato. Posteriormente, el 18 de febrero de 1952 se les unió un tercer paulino, el padre José Criscini, proveniente de la comunidad de Zalla, Bilbao, España. 

En los primeros inicios fue de gran ayuda la acogida de los salesianos quienes le brindaron hospedaje por un tiempo; más tarde, el arzobispo de Caracas les designó una capellanía en la comunidad de los hermanos de La Salle. Una vez resuelto el tema del hospedaje por el momento, los paulinos iniciaron sus primeras actividades apostólicas. Así, gracias a Dios, más pronto de lo previsto, el 15 de mayo de 1952, los tres audaces paulinos abrieron la primera librería en un nuevo local comercial en la plaza de la Candelaria, misma que ha quedado hasta nuestros días en esa misma zona. Poco a poco creció el movimiento en la librería, sobre todo, cuando se importó la primera remesa de Evangelios de España. Mientras la obra crecía, se requería más apoyo de hermanos paulinos. En febrero de 1955 llega el hermano Martino Zacconi, y un año más tarde llega el hermano Cirilo Peña. El 21 de enero de 1961 llega el padre Benito Spoletini quien había sido nombrado director del CEPLA (Centro de Ediciones Paulinas Latinoamericano) con sede en Caracas. El 6 de febrero de 1962, llega a Caracas el padre Ángel Vagnoni, proveniente de Cuba, de donde había sido expulsado por el régimen de Fidel Castro, quien traía la encomienda especial del padre Alberione de dedicarse solo y exclusivamente a la Pastoral Vocacional. Para el 27 de abril de 1962 los cuatro paulinos: Juan Bandini, Andrés Degani, Benito Spoletini y Ángel Vagnoni se mudaron a la nueva residencia Paulina de El Hatillo, Estado de Miranda

Visita del Primer Maestro a Venezuela

El padre Santiago Alberione visitó por primera vez la obra en Venezuela, en abril de 1952. Fue una visita muy rápida, ni siquiera salió del aeropuerto, los paulinos fueron a saludarlo ahí. La segunda visita a Caracas fue el 8 de agosto de 1953. Su tercera visita fue en 1957; esta visita fue una agradable sorpresa para los paulinos y paulinas, pues el padre Alberione no les avisó que venía para tomarse un merecido descanso.

 

Primeras publicaciones de las Ediciones Paulinas de Venezuela

El primer libro impreso en Venezuela fue “Moral y Espiritualidad del Matrimonio” escrito por J. Leclerq, y salió el 11 de noviembre de 1962. Después en homenaje al Dr. José Gregorio Hernández, se publicó su biografía escrita por monseñor Francisco Maldonado titulado “Cenizas inmortales”. En junio de 1963 se publicó la encíclica del Papa Juan XXIII “Pacem in terris»; de este popular documento se hicieron varias reimpresiones.

A finales de 1963 llegan dos paulinos más a Venezuela, el hermano Bernardo Favaretto y el padre Sixto Piccioni. El hermano Bernardo se dedicó a las artes gráficas e impulsó la producción industrial. El 1966 se inicia con la publicación periódica “El Domingo”, cuyo primer tiraje fue de 4,000 ejemplares, sin embargo, pronto tuvo muy buena aceptación y en pocos años llegó a los cien mil ejemplares. Todo esto gracias a la promoción que le hicieron, primero el hermano Silvano Verdramin, y más tarde el hermano Manuel Martínez.